Jihadista de Mali condenado por destrucción de patrimonio cultural

Ahmad Al Faqi Al Mahdi sits in the courtroom of the International Criminal Court (ICC) in the Hague the Netherlands
Ahmad Al Faqi Al Mahdi ( a.k.a. Abu Tourab) sits in the courtroom of the International Criminal Court (ICC) in the Hague the Netherlands, September 30,2015. REUTERS/Robin van Lonkhuisen/Pool

The American Thinker ha publicado un artículo con un resumen de los hechos que han llevado a la Corte Penal Internacional a dictar esta condena:

Mahdi, de 40 años de edad, ex funcionario del Departamento de Educación en Mali, fue el responsable como jefe de Ansar Dine, una unidad terrorista tuareg vinculada a Al-Qaeda, de dirigir y participar en la destrucción de tumbas que eran la encarnación de la historia de Mali. Timbuctú fue un importante centro cultural, el hogar de una gran civilización con una universidad que tenía 25.000 estudiantes y bibliotecas importantes con preciosos manuscritos fechados entre el siglo XII y el XVI.

En 2012, los rebeldes de la tribu tuareg, aliados de al-Qaeda y armados con armas saqueadas de Libia, atacaron la ciudad de Tombuctú. En el área de la ciudad capturada, impusieron la sharia, prohibieron la música , obligaron a las mujeres a llevar burqas, prohibieron a las niñas a ir a la escuela, y atacaron los santuarios y monumentos de la sociedad sufi. Gobernaron de esta forma hasta que las tropas de la coalición dirigidas por Francia liberaron la ciudad en 2013.

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Country: Mali Site: Heritage Site of Mali Caption: Mausoleum Alpha Moya destroyed in Timbuktu Image Date: August 2013 Photographer: Direction National du Patrimoine/World Monuments Fund Provenance: 2014 Watch Nomination Original: email from Brittany Brown

Cuando Mahdi y sus compañeros extremistas cometieron sus actos en 2012, el grupo declaró que eran responsables de luchar contra las supersticiones. En 2016 admitió que había actuado en nombre de los extremistas de al-Qaeda y Ansar Dine. Mahdi admitió su responsabilidad por la destrucción de nueve mausoleos y una puerta de una mezquita que databa de finales del siglo XV y principios del XVI que había guardado aquella durante cientos de años. La destrucción fue denominado por la UNESCO director general Irene Bokova, “un proyecto genocida“. Ella se ofreció sabias palabras: “Nuestra herencia cultural no es un bien de lujo, hay que protegerla de la profanación y estragos.”

Veremos cuánto le dura el arrepentimiento…