La venta de productos falsificados es otra forma de financiación el terrorismo yihadista

Según un reportaje de investigación del programa “En el Punto de Mira”:

Cada año más de 4 millones de contenedores de mercancías entran en España por puertos como el de Valencia. Los españoles gastamos al año 3.000 millones de euros en falsificaciones que se compran en mercadillos, bazares o en manteros y que son una fuente de financiacion del terrorismo. En diciembre de 2013 se desarticuló una red de falsificaciones en Portugal. Entre los detenidos 19 marroquíes, los cabecillas. En principio se pensó que los beneficios estaban destinados a negocios financieros en Marruecos. Después se descubrió que parte de ellos financiaron el yihadismo.

Diversificando las inversiones…

Podéis ver un resumen aquí.

La policía encargada de investigar este tipo de grupos organizados dice:

Una de las fuentes de financiación del terrorismo proviene del negocio de la falsificación. No siempre es así, pero organizaciones como Al Qaeda se han financiado con este tipo de delitos y la Interpol sabe que la venta de todo tipo de productos falsificados es una de las fuentes de financiación del yihadismo. Los compañeros de EE.UU. que toman parte en cursos de lucha contra la piratería se hartan de recordar que una parte del atentado contra el World Trade Center de 1993 -en el cual se hizo detonar una furgoneta en el párking de una de las torres- se financió con la venta de material falsificado. Los colombianos también recuerdan que ésta ha sido una de las fuentes de financiación de las FARC y los irlandeses aseguran que el IRA sacaba dinero con la venta de tabaco de contrabando y de CD’s pirata.

Para conocer otras fuentes de financiación del ISIS podéis leer este artículo (de noviembre de 2015):

La macabra financiación del terrorismo es, en todo caso, muy compleja y difícil de controlar si no se hace sobre el terreno. La propia ONU advierte en sus resoluciones su preocupación por el hecho de que los vehículos de transporte, incluidos aeronaves, automóviles, vehículos de carga y buques petroleros, que tienen su origen o destino en zonas de Siria y el Irak donde operan el Estado Islámico o el Frente Al-Nusra, la franquicia de Al-Qaeda en la zona, puedan utilizarse para la transferencia “no solo de petróleo o metales preciosos, sino también de cereales, ganado, maquinaria, productos electrónicos y cigarrillos que posteriormente se venden en los mercados internacionales para canjearlos por armas”.

Sin olvidar el comercio de obras de arte, pasto de una diabólica decisión: ante la posibilidad de su destrucción, los precios a pagar por los coleccionistas se disparan. Tesoros de la humanidad, como las ruinas de Palmira, forman parte, en este sentido, del chantaje de los grupos terroristas. En palabras de Naciones Unidas, ese comercio está generando ingresos al participar directa o indirectamente en el “saqueo y contrabando de artículos del patrimonio cultural de los sitios arqueológicos, museos, bibliotecas o archivos” en Irak y Siria.

La toxicidad del Estado Islámico es tan grande que afecta hasta a los territorios que no ha podido controlar. Y de hecho, se da la circunstanciade  que el Gobierno kurdo de Irak no está pudiendo pagar a las compañías que explotan los yacimientos de Shaikan -el más grande del Kurdistán iraquí- debido a que no tiene dinero, toda vez que está gastando sus recursos en la lucha contra el Daesh, lo cual se hace más oneroso habida cuenta del desplome de los precios del petróleo.

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