“Si negamos que hay guerra con el Islam, la perderemos”

El Confidencial publica un resumen del nuevo libro del filósofo Giovanni Sartori que es de imprescindible lectura. Copio los párrafos que me han parecido más importantes:

“Y el que no dice ‘guerra’ cuando la hay es que pierde esa guerra. O sea que quien usa la palabra ‘guerra’ ve una cosa, y quien no la usa ve otra. Quien dice guerra se siente en peligro moral; quien dice otra cosa, no. En la guerra, si es que se trata de una guerra, combatimos a un enemigo; pero si la palabra es distinta, entonces el enemigo no existe y no hay nada o nadie contra quien combatir. Por tanto, ¿se está librando una guerra sí o no? En mi opinión, sí. Quien cree que no, usa para definir la guerra criterios pasados y del pasado. Mientras que la guerra de la que estamos hablando es una guerra totalmente inédita, sin pasado”.Hay que calificarla como 1) terrorista, 2) global, 3) tecnológica, y 4) religiosa”.

“Durante cerca de un milenio el cristianismo y el islam se enfrentaron y combatieron así, como dos religiones. Pero desde el siglo XVII, la ‘respublica christiana’ se fue disolviendo y secularizando gradualmente, mientras que el islamismo siguió siendo una civilización teocrática. ¿Por qué? Paradójicamente, nosotros, los cristianos, nos secularizamos gracias a las ferocísimas guerras de religión internas entre católicos y protestantes. Aquel baño de sangre fue terrible y Europa salió de él agotada. Pidió e impuso la tolerancia. El islam no ha conocido nunca guerras de religión internas comparables con las nuestras. Wahabitas, sunitas y chiítas se degüellan entre sí, pero esporádicamente y a pequeña escala (al menos en comparación con lo que fue la carnicería europea). Y luego, aunque es cierto que cristianismo e islam son ambos, en principio, religiones fuertes, el primero siempre ha sido menos fuerte que el segundo”.

“Hasta ahora, la ciudadanía se ha basado en el ‘jus sanguinis’, según el cual el individuo adquiere por nacimiento la nacionalidad de sus padres, o en el ‘jus soli’, según el cual el individuo adquiere la nacionalidad del país donde nace. Los países muy poblados mantienen en general el primero; los países poco poblados adoptan en general el segundo. (…) Quisiera proponer un tercer criterio: la concesión de la residencia permanente, transferible a los hijos pero siempre revocable, a cualquiera que entre en un país legalmente con los papeles en regla y un puesto de trabajo, no digo asegurado, pero sí prometido o creíble. En espera de descubrir cuántos seremos, si los podremos absorber o no, esta fórmula concede mucho tiempo y no hace daño”.

Por supuesto, el Papa Francisco no va a leerle o, si lo hace, es para flagelarnos a los europeos con lo malos que somos, sin darse cuenta de que es Papa (y vive muy por encima de la media…) gracias a una religión europea…

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