España no admite refugiados respecto de los que no se hayan descartado vínculos yihadistas

ABC.es:

España, y no sin fuertes críticas a la supuesta falta de humanidad del Gobierno, decidió desde el primer momento tomar en consideración las advertencias de los servicios de inteligencia, de modo que no se acepta la llegada de ningún refugiado hasta que el Centro Nacional de Inteligencia (CNI) y el Centro de Inteligencia contra el Crimen Organizado (CITCO) han certificado que los llamados a viajar hasta nuestro país no tienen relación con Daesh ni con otras organizaciones dedicadas al crimen organizado, como pueden ser las de tráfico de drogas, de armas o de personas. Esas comprobaciones han retrasado las llegadas de refugiados, pero han servido para que nuestro país haya rechazado ya la llegada de varios refugiados sospechosos o con insuficientes garantías desde el punto de vista de la seguridad.

Abdelhak el Khayam, jefe antiterrorista de Marruecos, insistía en una entrevista con ABC en que «Daesh ha visto una oportunidad en esta crisis de los refugiados para intentar introducir a terroristas en Europa. Antes ya lo habían hecho con el tráfico de armas y la inmigración ilegal». El experto advertía además de que las ONG que actúan sobre el terreno deben ser controladas para evitar que se conviertan en eventuales focos de radicalización en lugar de limitarse a la ayuda humanitaria. Para el coronel de la Guardia Civil Manuel Navarrete, director del recientemente creado Centro Europeo contra el Terrorismo, la situación actual se resume en que «el terrorismo yihadista lo coloniza todo, y por supuesto también la crisis de los refugiados».

Creo que esta es una de las decisiones más inteligentes que tomó el Gobierno en su momento. Personalmente, entiendo que haya que ayudar a los desplazados o refugiados, por las circunstancias que atraviesan, pero es lógico que haya que impedir la entrada a elementos que, fingiendo estar en condiciones de necesidad, no reúnan los requisitos para ser considerados refugiados (o asilados) y se aprovechen de los resquicios de la legislación para dañar precisamente a los mismos que los acogido. O que se finjan pacifistas para luego atentar. Ya ha habido quien, desde la mesura, pero también desde el sentido común, ha alertado sobre los peligros de esta política.

Ni creo que sea correcto rechazar a todo refugiado por el mero hecho de serlo ni tampoco considerar que todo el que ha entrado sin un control previo es un santo por decir que es refugiado. El peligro no está en la raza ni en el país de origen ni siquiera en la situación de desesperación que muchos tienen. El peligro está en la ideología, en el pensamiento, en la justificación del sadismo, de la violencia, de la consideración de ser superior (y, por tanto, de deber ser regido por leyes distintas al resto) o de la exterminación de quien no sea igual.

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